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]]>Prueba de esto fue la clasificación que manifestó un duelo entre Marincovich y Stommelen. El duelo estuvo a disposición del público quien vivió con fervor aquella ronda clasificatoria como si fuese la carrera misma. El cuenta vueltas del motor Cosworth llegó hasta 10.000 rpm, mientras que el Porsche 908 sólo alcanzaba los 8.500 rpm.
Como dijimos unas líneas más arriba, la primer serie terminó con un tercer puesto. El protagonista de semejante logro fue Di Palma quien se quedó sin tercera marcha.

Marincovich fue el encargado de arrancar la segunda serie para el equipo argentino, pero salió a defender el puesto con las bujías empastadas. Tuvo que detenerse una vez en boxes para cambiarlas todas ya que no podía, ni debía, perder más tiempo. Ese mismo apuro le valió un accidente que lo dejó fuera de competencia. Igualmente la carrera marcó un hito: Alfa Romeo obtuvo su primer título en la categoría SP.
La carrera dejó un saldo más que positivo para el Berta LR. Lo demuestra la serie de Di Palma, quien logró dar una vuelta primero, ante el asombro de todos los presentes. El orgullo nacionalista de “el mago” se expresó de forma cabal en sus palabras: “Bien sé que el auto no es perfecto. Pero a pesar de todos sus defectos anda mucho mejor que varios de los europeos y con eso me basta”
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]]>Una visita llenaba de lujos los circuitos: el campeón de

Elogió también a Berta y no disimuló a la hora de transmitirle sus emociones con lo realizado. Stewart era un fanático de todo lo que tuviera que ver con los motores Cosworth V8 3000 cc.
En el intercambio de palabras que tuvieron, el escocés dijo una gran verdad que le valdría de apodo a Oreste Berta y que signaría su carrera para siempre: “A este motor lo vi en Gran Bretaña y en el banco de pruebas erogó 460 hp. Es el Cosworth más potente que salió de la fábrica y se lo dieron a Berta porque no había tiempo para desarrollar otro y entregarlo en fecha […] Verdaderamente, creo que Berta es un mago muy en serio”
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]]>Las tribunas colmadas en el autódromo de Buenos Aires generaban el marco ideal, como así también el día soñado para los pilotos argentinos. 40.000 almas se dieron cita aquella fecha y disfrutaron de la lucha del argentino versus los grandes del terreno mundial.

La competencia dio como resultado una novedad técnica bien vista a los ojos de los europeos. En el viejo continente nunca pudieron adaptar el motor Cosworth a un SP. Se realizó un nuevo intento pero luego cayó en desuso. El Berta LR en cambio, mostró gran docilidad y una gran tenida, lo que presagiaba un futuro por demás promisorio. Algo hay que aclarar: el auto fue construido, después de los accidentes, con presura, ya que el chasis no estaba a punto, había turbulencias en los flancos y fallas en el motor.
Sin embargo el ojo europeo miraba al incipiente nacional como al inexperto que da sus primeros pasos pero que contiene tras sí, la avidez, la pasión y la aventura de la gloria.
Todos los que pudieron presenciar de cerca la creación nacional, no tuvieron más que loas para con el auto y sus creadores.
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]]>“El mago” fue protagonista de una experiencia de vida única que, en este vídeo, se dispone a relatarnos con la prestancia de un excelente cuentista. Este servidor recurre ahora a una frase harto trillada pero que se presta como la ideal en este tipo de acontecimientos, por cierto, exentos de razón: “los fantasmas no existen, pero que los hay, los hay”
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]]>Mauricio Franco era el piloto y se veía, en su maniobrabilidad, que le estaba tomando la mano al auto. Mientras tanto, Di Palma regresaba en un avión desde Arrecifes. De repente irrumpe en escena el factor miedo en toda carrera: la lluvia. Una cantidad de agua descomunal cae sobre el circuito y el auto del piloto argentino sale de la horquilla.
En boxes la moción era general: “ahora pará!”. No dejaron de ser buenos deseos. El auto pasó tan rápido como un respiro y en la terminación de la recta ocurre la catástrofe: el auto blanco empezó a elevarse para terminar dando contra el paredón de la última tribuna.

La víctima fue Franco. El panorama se presentaba desolador: gente corriendo para todos lados, ambulancias que entraban en escena y un piloto herido. Fue en ese momento cuando hizo gala de su presencia la grandeza del creador: puso atención en el auto, arruinado por semejante impacto y desgajándolo, fabricó una precaria camilla para que Franco tuviera sus primeros auxilios. Gracias a ello, una pick up se acercó y el piloto fue trasladado al hospital Salaberry.
Una vez más “el mago” da muestra de su calidad como ser humano y esto no es más que una metáfora de vida. Oreste desgajó su auto para salvar un alma ajena; el auto, apéndice de su vida, fue sacrificado sin ninguna dubitación.
El Lápiz, el transportador y el tablero UTO se disponían ya para ser utilizados por la magia del creador. Lejos de la utopía, el apoyo económico permitió su verdadera concreción y los responsables de tal aventura económica fueron los que en su momento habían lanzado la piedra:
Algunos datos técnicos: la distancia entre ejes contrastaba con la de los Ferrari,
Estaba todo listo para realizar las pruebas en el autódromo Oscar Cabalén. El 10 de enero de 1970 debía producirse el tan ansiado debut pero antes había dos competencias fuera del campeonato mundial, que se disputarían en el autódromo de Buenos Aires: “
En las pruebas aparecieron los primeros percances. Los accidentes estaban a la orden día y pusieron en jaque la continuidad de Berta como piloto de prueba. Le tocaría el turno de tomar ese rol al gran Di Palma, tanto como a Mauricio Franco.
Berta te cuenta su experiencia comprando las partes del auto en Inglaterra: “¿Te animas?”
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